La cultura de una compañía está en cómo se toman las decisiones cuando hay presión. En tener la cultura de prevención como prioridad. En lo que ocurre cuando un cliente se queja. En cómo se corrige un error. En si alguien puede decir “no estoy de acuerdo” sin pagar un precio invisible. En la responsabilidad financiera de todos para controlar gastos o reducir costes.
Tanto si diriges una compañía pequeña como si lideras una unidad de negocio dentro de una organización mayor, a veces, aunque la estrategia está clara, las cosas no fluyen. El problema es casi siempre cultural.
La cultura es el aire que se respira en el equipo. No se ve, pero condiciona todo. Si el aire está cargado, las personas se protegen, compiten internamente o guardan silencio. Si el aire está limpio, se habla claro, se asumen responsabilidades y los problemas se resuelven antes de que escalen. También es la tierra donde crecen los resultados: si está bien cuidada, el rendimiento es sostenible, si está agotada, cualquier dificultad la resquebraja.
En cualquier organización conviven distintas “lógicas”: la de quien quiere crecer e innovar, la de quien vigila los costes, la de quien protege la calidad y la seguridad, la de quien prioriza el servicio al cliente, la de quien cuida a las personas. Ninguna es incorrecta. El riesgo aparece cuando una sola domina siempre.
Si solo mandan los números, se enfrían las relaciones y se pierde visión de largo plazo. Si solo manda el crecimiento, se tensionan los equipos. Si solo manda el servicio, aparece el agotamiento. Si solo manda el control, se ahoga la iniciativa. El liderazgo consiste en reconocer estas tensiones y gestionarlas con criterio, no en negar que existen.
El método Compass, base del Programa de Dirección de Compañías, que empieza el próximo 26 de marzo, trabaja en hacer visibles las tensiones culturales, en armonizar los intereses de los distintos grupos de interés y en construir organizaciones más equilibradas y conscientes.
Hay un elemento que suele pasarse por alto, pero que marca la diferencia en cualquier compañía: el afecto humano. No es sentimentalismo ni pérdida de profesionalidad. Es respeto real, cercanía, interés genuino por las personas. Es lo que permite corregir sin humillar, exigir sin deshumanizar y colaborar sin desconfianza. Es el pegamento invisible que sostiene el rendimiento cuando la presión aprieta.
Para eso está la primera asignatura del Programa Compass de Dirección de Compañías de Docensas: para ayudar a los gerentes y directivos a entender de manera práctica, cómo funciona la cultura de las organizaciones y, sobre todo, cómo transformarla y enriquecerla día a día.
¿Y si tú también das el paso?
Si estás pensando en realizar un Programa de dirección de compañías, en Docensas hemos creado algo para ti:
Programa Compass de Dirección aplicado a Compañías de Instalación y Mantenimiento
El programa para directivos que quieren crecer sin perder el control.
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